13/9/10

Falta

No podía respirar bien, con hojas en la mano, y escribiendo cada tanto, me distraía, me llamaba. Era esa voz que llevaba maldad en cada palabra. Traté de resistirme, traté de pedir ayuda, pero me deje llevar. Me perdí en los encantos venenosos del mal y sin quererlo me empecé a destruir de nuevo. Y quedé devastado porque después de romperme pude ver lo esencial, y pude ver que me alejé de lo esencial. Y siempre las promesas cobran vida, pero mueren cuando la voz vuelve a escucharse, a sentirse. Y me enojo conmigo por no poder controlar mi mente. Dios no sueltes mi mano, guía mi camino por sendas de justicia.