Tenía ganas de chocar con toda la gente que caminaba por la vereda, cada terminación nerviosa era como una aguja que pinchaba mi piel. Tenía ganas de llorar, pero sentía que todas mis lágrimas habían sido evaporadas por el fuego de la ira que provocaste. De repente me abrazó la tristeza, haciendome sentir que mis costillas temblaban, encerrando a mi claustrofóbico corazón en una pequeña y pesada caja de Culpa.
"Te odio, me odio, los odio, pero te quiero" Ardía como una inscripción de fuego en mi pecho, ese fuego que despertaste, incinerando la poca alegría como si se quemaran todos mis órganos. Una tormenta se desataba en mi cuerpo, nublando mi mente. Tenia ganas de cantar con Jorgelina, tenía ganas de ir cantando por la calle, pero sentía que si abría la boca el único sonido que podía salir era ese grito que estaba reprimiendo contra un rincón oscuro de mi alma. Quería que la gente me mirara, que me miraran con intriga, quería llamar la atención, quería que mi piel se volviera gris y mis ojos blancos, quería ser un cadáver caminando lo mas rápido que podía, para llegar a la parada del colectivo y descargar TODO en un papel. Quería tropezarme y perderme en un hueco sombrío del que no pudiera salir en mucho tiempo. Únicamente repetía en mi cabeza una sola palabra, "Cambiaste".